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Copyright©1999
Fundación Residencia de Estudiantes

Emociones sobre un siglo de ciencia
Jorge Wagensberg

El catálogo Un siglo de ciencia en España, editado por la Residencia con motivo de la exposición del mismo nombre, es un libro de referencia para todos los interesados en la evolución del tejido científico de nuestro país a lo largo del siglo XX. Un siglo de ciencia en España incluye trece autorizadas colaboraciones que recorren, especialidad por especialidad, los principales hitos y protagonistas de la investigación española. Recoge, además, una abundante documentación gráfica entre la que se incluyen no pocas fotografías inéditas. Jorge Wagensberg, director del Museo de la Ciencia de la Fundación La Caixa y profesor de Física de la Universidad de Barcelona, reflexiona a continuación sobre el interés de esta exposición.

La legendaria Residencia de Estudiantes ha sido sin duda un testigo envidiable del último siglo de ciencia en España y ha reflexionado sobre el tema en forma de exposición. Me siento a escribir unas notas sobre la misma y me doy cuenta de que lo que estoy a punto de hacer es algo insólito. Existe crítica de teatro, de cine, de literatura, de ensayo, de toros, de fútbol, de música, de exposición de pintura, de fotografía, de escultura, de arquitectura, de diseño… Existe crítica de todo, pero no existe el concepto de crítica de exposición de ciencia. Se hacen exposiciones científicas, en el sentido moderno de la palabra, desde el siglo XIX, como las que inició una hoy olvidada fábrica alemana llamada Urania. La exposición científica es anterior al cine pero su crítica, que yo sepa, ¡no se ha inventado todavía! Nadie se dedica a ello y nadie la echa a faltar. Puedo afirmarlo porque desde el año 1985 me dedico, entre otras cosas, a pensar, a producir y a visitar exposiciones científicas, y lo más que he visto son notas de prensa del acto de inauguración o declaraciones de los propios conceptores. Toda forma de conocimiento sin crítica tiene un problema, un problema muy serio.

Aprovecho pues el vacío existente en este oficio para asegurar que lo más importante de una crítica de exposición científica es intentar medir cómo le ha cambiado la vida a uno en el intervalo que media entre la entrada y la salida de la exposición. Por ejemplo, cuáles han sido las emociones de los sentidos, del intelecto y del espíritu. Por ejemplo, cuántas más preguntas se hace uno al salir que al entrar. Empecemos por decir que dentro de su austeridad de espacio y presupuesto la exposición es una delicia en varios de tales parámetros.

Hay objetos reales (no reproducciones de los mismos) que hacen volar la imaginación en el tiempo (no tanto en el espacio, pues algunos detalles resulta que ocurrieron allí mismo). Por ejemplo, el primoroso armarito que Cajal se hizo construir especialmente (no hace falta que nadie confirme que así fue efectivamente) para guardar las muestras de microscopía. Dice más esa pieza sobre el método de trabajo del sabio que muchos párrafos de sus biografías en sus diferentes formatos, más incluso que su propia voz o que dibujos o manuscritos, que también están presentes en la muestra. Mirando la pieza se «ve» literalmente a Cajal trabajando.

Segunda emoción, la presencia de Sorolla con una pintura magnífica (Una investigación de 1887) en la que aparece Luis Simarro en el laboratorio rodeado de científicos y curiosos, y la presencia de Federico García Lorca con una fotografía –¡en el lugar exactísimo donde la fotografía fue tomada!–. ¿Cómo se consigue una atmósfera en la que pensadores de distintos ámbitos sienten curiosidad los unos por los otros? La historia nos demuestra la tremenda fuerza creadora de estos momentos y la dificultad radical de forzarlos a base de gestión cultural. Sencillamente ocurren. La Residencia y la Institución Libre de Enseñanza tuvieron este aroma inconfundible del fuego cruzado de ideas. Se trata de la clase de emociones que uno se lleva y que luego se transforma en pregunta.